Días 2 y 3 de marzo: “El Congreso” de Ari Folman

Publicado: 24 febrero, 2015 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

El-Congreso_cartelEL CONGRESO – (The Congress)

Dirección: Ari Folman Reparto: Robin WrightHarvey KeitelJon HammKodi Smit-McPheePaul Giamatti Nacionalidades: AlemaniaBélgicaFranciaIsraelLuxemburgo yPolonia Año: 2013 Fecha de estreno: 29-08-2014 Duración: 120 min. Género: Animación y Fantástica Color o en B/N: Color Guión: Ari Folman Fotografía: Michael Englert Música: Max Richter Distribuidora: Golem

Sinopsis:

La necesidad de dinero, lleva a una actriz (Robin Wright) a firmar un contrato según el cual los estudios harán una copia de ella y la utilizarán como les plazca. Tras volver a la escena, será invitada a un congreso, que se desarrolla en un mundo que ha cambiado completamente. Basada en una novela de Stanislaw Lem, se trata del retrato de un mundo que se dirige inevitablemente hacia la irrealidad.

 

Crítica de Jordi Costa para el diario “El País”:

Entre las muchas distopías planteadas por los escritores de ciencia-ficción del siglo XX y más o menos cumplidas en este siglo XXI que empezamos a transitar, la farmacocracia, imaginada por Stanislaw Lem en su satírica Congreso de futurología, se fundamentaba en el control del individuo a través de la inducción química del placer y de la solución ilusoria de toda necesidad. Una distopía disfrazada de utopía hedonista según la herencia del visionario Aldous Huxley en Un mundo feliz, obra apoyada en la brillante idea de que el éxito de los totalitarismos futuros no estaría en la dominación por la fuerza, sino en la (envenenada) satisfacción del consumidor.

En plena era de lo que Beatriz Preciado denomina el control fármaco-pornográfico, el israelí Ari Folman amplía el campo de batalla de la farmacocracia, asociándola a las últimas perversiones de la cultura de la fama y a la mercantilización del cuerpo virtual, en su ambiciosa El Congreso, que es demasiadas cosas menos una adaptación sumisa del original.

En la película, la actriz Robin Wright, interpretándose a sí misma, desplaza de su papel protagonista al astronauta Ijon Tichy. La firma de un contrato que cederá la propiedad del cuerpo virtual de la actriz a un estudio cinematográfico domina el primer tramo de la película, que culmina con un intenso monólogo de Harvey Keitel servido con vehemente autoridad: la distopía, la disolución de lo real en lo ilusorio y manipulable, parece subrayar Folman, empezó aquí, el día en que un actor se sometió a los protocolos del motion capture. Andy Serkis como paciente cero de la matrix-ización de nuestra realidad.

Tras una elipsis de veinte años, la película de Folman emprende su particular lectura de la obra de Lem transformándose en pesadillesca fantasía animada, con ecos del cine de los hermanos Fleischer, pero también de esos cortos de la Warner donde se concentraban caricaturas del star-system de Hollywood: el director corresponde a la fertilidad imaginativa de Lem con un despliegue de afortunadas ideas visuales —de los brazos alados a las citas a El Bosco—, transformando el afilado tono cómico del original en un poema onírico de aire melancólico. En Vals con Bashir (2008) la animación le sirvió para describir la emergencia de un reprimido cargamento de culpa, aquí le permite mostrar que la alucinación es nuestro destino.

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