Días 19 y 20 de mayo. “La Jaula de Oro” de Diego Quemada-Díez

Publicado: 13 mayo, 2014 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

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LA JAULA DE ORO

Director: Diego Quemada-DiezIntérpretes: Ramón Medina, Brandon López, Rodolfo Domínguez,Carlos ChajonTítulo en VO: La jaula de oroAño: 2013. Fecha de estreno: 05-12-2013Duración: 102 min.Género: DramaColor o en B/N: ColorGuión: Diego Quemada-Diez, Gibrán Portela, Lucía CarrerasFotografía: Maria Secco Distribuidora: Golem

Sinopsis:

Cuenta la historia de dos adolescentes que salen de su aldea y a los que pronto se suma un indígena. Juntos vivirán la terrible experiencia que padecen millones de personas, obligadas por las circunstancias a emprender un viaje lleno de peligros y con un final incierto. En el camino aflora la amistad, la solidaridad, el miedo, la injusticia, el dolor.

 

Crítica de Javier Ocaña para el diario “El País”:

La dura realidad de la inmigración entre México y EE UU: decenas de miles de niños, sin la compañía de adulto alguno, cruzan cada año México de lado a lado, entre un infierno de desolación, corrupción y peligro; y luego, claro, el salto definitivo de la valla. Una situación que desgrana con impactante verosimilitud La Jaula de Oro, coproducción mexicano-española del burgalés Diego Quemada-Díez, hasta ahora cortometrajista y cameraman en películas de Ken Loach y Alejandro González-Iñárritu, que debuta con una obra cruda y amarga, pero también de exquisito cariño por sus protagonistas, con la que nunca necesita hurgar en la herida infantil para retratar una realidad desoladora.

Premiada en la sección Una cierta mirada del Festival de CannesLa jaula de oro tiene, claro, estructura de road movie, donde en lugar de carreteras lo que hay son caminos, bosques y, sobre todo, trenes de mercancías atestados de gente paupérrima necesitada de un futuro, y que al menos mantiene una ilusión; imágenes que rememoran los tiempos de la Gran Depresión americana, aunque casi un siglo después y en el país vecino.

Cada estación de paso, no ya física sino sobre todo moral, es un aguijonazo en el fondo de la condición humana, que se aprovecha de los más necesitados, incluso a costa de los suyos, para saciar los más bajos instintos, de la violencia al sexo pasando por el racismo y, cómo no, por la avaricia.

Cámara al hombro, cerca de sus criaturas, y con una autenticidad deslumbrante, Quemada-Díez elude el destino de algunos de los cuatro chicos que inician esta epopeya que tiene mucho de clásico griego. Y lo hace con tanta pulcritud como pudor, en pos del retrato de un viaje de supervivencia y, sobre todo, de una sutileza que no necesita mayor explicación. Quizá por ello el único momento que chirría, al salirse del punto de vista elegido, y también por innecesario, sea el inserto del primer plano del autoproclamado guardián estadounidense de la frontera.

Quemada-Díez demuestra además que el realismo y la verdad del cine social no están enfrentados con la emoción, con la metáfora, con el símbolo. Porque tras la valla, con cuchillas o sin cuchillas, aguarda el supuesto paraíso, el vigor de la nieve reparadora, guía simbólica durante todo el metraje de una película (des)esperanzadora sobre la lucha por la vida, que fue ayer, es hoy y lamentablemente será también mañana.

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