Días 5 y 6 de mayo. “El Último Concierto” de Yaron Ziberman (última película de Philip Seymour Hoffman)

Publicado: 29 abril, 2014 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

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EL ÚLTIMO CONCIERTO – (A Late Quartet)

Director: Yaron ZibermanIntérpretes: Philip Seymour Hoffman, Christopher Walken, Catherine Keener, Jeremy NorthamTítulo en VO: A Late QuartetAño: 2012. Fecha de estreno: 23-08-2013Duración: 105 min.Género: DramaColor o en B/N: ColorGuión: Seth Grossman, Yaron ZibermanFotografía: Frederick Elmes Distribuidora: Savor Ediciones 

Sinopsis:

Tras 25 años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, y en plena preparación de un concierto para celebrar su cuarto de siglo profesional, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York recibe un duro golpe que puede poner en entredicho su supervivencia. El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas del Párkinson, una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete. La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional.

Crítica de Andrea G. Bermejo  para la revista “Cinemanía”:

“¿Recuerdas cuando empezamos y cada ensayo era un descubrimiento? Lo extraño”, le dice Philip Seymour Hoffman a Catherine Keener, su mujer y compañera de cuarteto enEl último concierto. La revelación, honesta y terrible, como un exabrupto en un taxi que recorre las calles gélidas de un Nueva York nevado, en un quítame allá esas pajas que sólo se permitiría una pareja con la confianza de un cuarto de siglo mirándose las caras, sostiene toda la carga metafórica –¿están hablando de música o de su matrimonio?– que recorre la segunda película de Yaron Zilberman.

El último concierto arranca con la triste noticia para el cuarteto La Fuga de que uno de sus miembros, el chelista (Christopher Walken), tiene la enfermedad de Parkinson y deberá abandonar el conjunto. Hasta aquí, el grupo lleva 25 años tocando en perfecta armonía y aceptando cada cual su rol dentro de la singular familia: el primer violín –implacable Mark Ivanir, el más desconocido de un elenco impagable– va siempre el primero; el segundo –qué decir de Seymour Hoffman– ha de conformarse con ir después; luego va la violista, a expensas de los otros tres. Pero el anuncio de la marcha del chelista, como un padre para el resto, llama a las primeras notas disonantes. ¿Serán capaces de tocar los siete movimientos del Opus 131 en Do sostenido menor –que Beethoven obligaba a tocar attaca, es decir, sin parar– sin desafinar? Tan sesuda como un literato ruso, una de esas películas a las que deberías ir con bloc de notas, a Zilberman podríamos echarle en cara la ausencia de un estilo –los cuartetos, cuando tienen los mejores intérpretes, se dirigen solos– o la insistencia en el drama –¡que es sólo un cuarteto de cuerda, caray!–. Pero, lo cierto es que, intrincada en los diálogos, la metáfora que construye es tan bella y atinada que te costará sacártela de la cabeza. Porque siete movimientos –o 25 años, o una vida– son muchos, y es inevitable que después de tanto tiempo, los instrumentos no desafinen. Y no importa lo que los afinemos, nunca volverán a sonar tan bien como en los primeros ensayos.

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