Días 10 y 11 de febrero. “Caníbal” de Manuel Martín Cuenca

Publicado: 4 febrero, 2014 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

Canibal_cartel_peli“CANÍBAL”

Director: Manuel Martín CuencaIntérpretes: Antonio de la Torre, Olimpia Melinte, María Alfonsa RossoTítulo en VO: CaníbalPaís: España, Francia, Rumanía, Rusia Año: 2013. Fecha de estreno: 11-10-2013Duración: 116 min.Género: DramaColor o en B/N: ColorGuión: Manuel Martín Cuenca, Alejandro HernándezFotografía: Pau Esteve Birba. Distribuidora: Golem.

Sinopsis

Carlos es el sastre más prestigioso de Granada. Un hombre respetable. Sus pasiones son el trabajo y sobre todo la comida, pero no come cualquier cosa: se alimenta de mujeres desconocidas, con las que no tiene ningún vínculo emocional. Esa situación cambia el día en que conoce a Nina, una joven rumana que busca desesperadamente a su hermana gemela, que ha desaparecido hace unos días.

Crítica de Luis Martínez para el diario “El Mundo” (leer crítica entera aquí):

Hay películas que funcionan igual que un termómetro. Están ahí para medir la temperatura moral de su sitio. ‘Caníbal’, de Manuel Martín Cuenca, es exactamente eso. Sobre el papel, se trata simplemente de la historia triste y pautada de un señor de Granada; triste, sastre y antropófago. Por ese orden. Y, sin embargo, a poco que se mire de cerca, la cosa cambia. De repente, la película adquiere el tacto frío y gelatinoso del tiempo y el lugar en el que se estrena. Como la panza de un pez muerto. Durante la hora y media que dura ‘Caníbal’, el espectador es invitado a un espectáculo de una extraña y fangosa normalidad. Raro. Lo escandaloso es precisamente eso, la sensación de lo normal; la constancia de que nada de lo que se haga o diga (otra forma de hacer) tiene consecuencias. Todo es lo mismo. Tiempos caníbales. Tiempos impunes. En el imaginario de ‘Caníbal’, las fronteras entre lo sublime y lo ridículo, el insulto y el razonamiento, desaparecen. Martín Cuenca de forma sabia elimina los márgenes de seguridad entre los que necesariamente siempre opera el buen gusto. La civilización, quizá. Y claro, irrita.

Si en ‘La mitad de Óscar’, su anterior trabajo, el director investigaba los límites de ese tabú llamado incesto; ahora se atreve, un grado más lejos, con el de la antropofagia. Hombre come hombre. Pero sin dramatismos. Todo normal. La idea es limpiar la cámara, desdramatizar el asunto hasta alcanzar el espacio en el que el acto más prohibido y oscuro alcanza la luz diáfana de lo cotidiano, lo común. La intención no es otra que dejar al descubierto los cimientos de cada una de las creencias más firmes; de todas las convicciones. Y así, hasta el derrumbe final, hasta la fría sensación de vértigo que provocan los precipicios. Y así, hasta reproducir el clima que nos rodea. La realidad es esto.

De esta guisa, Martín Cuenca compone la más oportuna de las películas. Su virtud no es tanto su fino olfato para la metáfora como la sensación física de impudor que transmite el protagonista de esta historia; un hombre que, en su salvajismo (genial la escena de la playa), se ofrece completamente idéntico a cualquiera de nosotros. Tal cual.

Tiempos caníbales.

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