28 y 29 de octubre. “Le Havre” de Aki Kaurismäki

Publicado: 22 octubre, 2013 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

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LE HAVRE”

Director: Aki Kaurismäki Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Kati Outinen, Jean-Pierre Darroussin, André Wilms, Evelyne Didi, Blondin Miguel Título en VO: Le Havre País: Algeria, Finlandia, Francia, Noruega Año: 2011. Fecha de estreno: 28-12-2011 Duración: 93 min. Género: Comedia y Drama Color o en B/N: Color Guión: Aki Kaurismäki Fotografía: Timo SalminenWeb Oficial: http://www.janusfilms.com/lehavre/

Marcel Marx, famoso escritor bohemio, se ha exiliado voluntariamente y se ha establecido en la ciudad portuaria de Le Havre (Francia), donde vive satisfecho trabajando como limpiabotas, porque así se siente más cerca de la gente. Tras renunciar a sus ambiciones literarias, su vida se desarrolla sin sobresaltos entre el bar de la esquina, su trabajo y su mujer Arletty; pero, cuando se cruza en su camino un niño negro inmigrante, tendrá que luchar contra los fríos y ciegos mecanismos del Estado, armado únicamente con su optimismo y con la incondicional solidaridad de los vecinos del barrio, para evitar que su protegido caiga en manos de la policía.

Crítica de Luis Martínez para el diario “El Mundo”:

Una vez más, el universo de Kaurismäki aparece ante los ojos del espectador como un espacio desencantado, vacío y humedo en el que los personajes se mueve a tientas. Incapaces, como todos, de entender nada. Demasiado absurdo para resultar trágico. Cruel y, por ello, profundamente divertido. No es un contrasentido, cuidado, es la desgracia que, como nos recuerda siempre Beckett, nada puede ser más gracioso que ella.

‘Le Havre’, así se llama la película, se entretiene en la historia un niño inmigrante huido de un contenedor. Como sea que la tristeza crea vínculos, pronto se teje a su alrededor una fina malla de miradas cómplices. Dicho así, suena tan mal como Wagner (Decía Mark Twain que la música del alemán era mejor que como sonaba). Pero no. De nuevo, la estrategia del autor de ‘Nubes pasajeras’ consiste en desnudar la cotidianidad de todas sus incongruencias hasta hacerlas perfectamente evidentes y profundamente extrañas.

Ante la cámara de este alumno aventajado de Bresson y Buñuel, cada gesto, cada mirada, se ofrece como si fuera por primera vez. Y eso nos deja a todos desnudos ante lo ridículo que resulta la propia sensación de ridículo. Dice el director que durante el rodaje no entendió nada (los actores hablan en francés, él no), pero que esto, lejos de preocuparle, le daba confianza. Y así es, ¿acaso tiene sentido algo de lo que creemos entender?

El resultado es un cuento moral sin moral, una fábula sin moraleja, un lúcido alegato contra la hipocresía sin alegato y sin hipocresía. El resultado, decíamos, ni siquiera es resultado; es un ejercicio limpio de vaciado del que queda, entre otras cosas, la divertida constancia de que Murcia (o Helsinki) puede estar en cualquier sitio. Es así. Tan brillante como genial. Ahora, vuelvan a cerrar los ojos y digan ‘Murcia’. ¿A que se parece a Helsinki? Strauss Kahn tócate algo. O no, mejor, déjalo estar.

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