La Mitad de Óscar, la plenitud como director de Manuel Martín Cuenca

Publicado: 25 noviembre, 2011 de Cineclub Alcarreño en Sin categoría

“LA MITAD DE ÓSCAR”

Director: Manuel Martín Cuenca Intérpretes: Rodrigo Sáenz de Heredia, Verónica Echegui, Denis Eyriey, Antonio de la Torre, Manuel Martínez Roca Título en VO: La mitad de Óscar País: España Año: 2010. Fecha de estreno: 18-03-2011 Duración: 89 min. Género: Drama Color o en B/N: Color Guión: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández Fotografía: Rafael de la Uz
Web Oficial: http://www.lamitaddeoscar.es/ Distribuidora: Golem.

Óscar es guardia de seguridad en una salina semi-abandonada. Tiene 30 años y vive solo. Su vida consiste en ir cada día al trabajo y sentarse a mirar los restos de las montañas de sal. Un día la rutina se rompe. Óscar llega a la residencia de ancianos donde está su único familiar, su abuelo, que padece alzheimer. Se ha puesto peor y lo han trasladado al hospital. La directora le cuenta que ha avisado a su hermana María, de la que no ha sabido nada durante años. La relación entre los dos hermanos parece tensa, algo ocurrió en el pasado que los ha marcado definitivamente. María pretende pasar página, pero él no está dispuesto a ello.

Con La flaqueza del bolchevique (2003) -la película que reveló a María Valverde y contó con un inquietante Luis Tosar-, Manuel Martín Cuenca lo tenía todo para acomodarse en el papel de buen (y poco problemático) profesional al servicio de la industria. Después vino la ambiciosa Malas temporadas (2005), que, en algún momento, sucumbía al kitsch melodramático. Las dos películas despejaban toda duda sobre la competencia del cineasta, pero nada hacía presagiar los desafíos, la ambición y, sobre todo, los logros de La mitad de Óscar, rotunda prueba de madurez, crecimiento y afirmación de una mirada.

Las primeras imágenes pueden levantar la sospecha de que Martín Cuenca intenta un ejercicio de estilo a lo Rosales. Hay otros ecos: en algún momento, la película parece evocar un contraplano improbable de La aventura (1960) o un eco hiperrealista de Cabeza borradora (1976), pero este relato, recorrido por la lava de una pasión prohibida y asfixiada, no tarda en disipar la sombra del mimetismo. Antonio de la Torre compone un personaje con un retrovisor como único asidero, y las siluetas de una estupenda Verónica Echegui y un demolido Rodrigo Sáenz de Heredia defienden el estremecedor clímax de este melodrama en sordina, resuelto con un modélico empleo de elipsis y subtextos. La mitad de Óscar es la plenitud de Martín Cuenca.

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